Diseño de cubierta: Irene Lorenzo

Las personas son hoy nodos de una gran Red que a fuerza de tuits, posteos e imágenes desde sus dispositivos, contribuyen a visibilizar hechos y desmontar sesgos y filtros en la comunicación.

Las personas, esas de carne y hueso que te encuentras en el bus, en el metro  o en el supermercado lidiando con escacez o precios altos han pasado, gracias a las redes sociales,  a la primera linea de “fuego” en la nueva dinámica de la comunicación.

Los gobiernos, los medios de comunicación, los conglomerados empresariales y todo aquel con un poco de “poder” o dinero por encima del promedio, han tenido en sus manos la exclusividad de decirnos desde sus trincheras lo que  tenemos que creer respecto de cualquier cosa. Desde quién es el “malo” en la lucha por la hegemonía del mundo, hasta la marca de alimento ideal para que tu perro no sufra de colesterol malo.

La gente es rebelde por naturaleza y anda buscándole siempre la quinta pata al gato, por eso aceptaba a regañadientes estas “verdades” inducidas pero no dejaba de decirse a si misma: “uhmmm, esto no me me suena bien, es un atentado a mi inteligencia“. Callaba porque no podía confrontarlas al no tener a su alcance los medios para hacerlo, o por lo menos no de manera eficiente.

Eso ha acabado. Cada persona conectada a la Red es hoy un nodo de la verdad. Con solo su móvil o smartphone se planta hoy justo en el lugar de los hechos y te los cuenta en vivo, así de espontaneo y sin filtros. No hay manera de sesgar la verdad. Y quien lo hace, pues allá ellos.

El poder de la gente

Hace dos semanas leí  el libro de @PabloHerreros:  El Poder es de Las Personas. Y voy a ser directo: es uno de los libros más interesantes que he leído en los últimos tiempos en esto de la comunicación en tiempos de redes. No tengo el poder de persuasión de Pablo, ni estoy en esa gama de “influencers” que logran que los otros hagan, literalmente, lo que ellos sugieren o recomiendan, pero de verdad te digo que si estás en esto de las redes y te lo tomas en serio, compra el libro que hasta barato es (yo tengo la versión Kindle). No solo aprenderás un montón de los varios casos que cita y analiza, sino también te reirás un poco con sus salidas. La mención al caso del falso perfil del escritor y conferenciante inexistente Santiago Swallow es genial.

Es muy útil -bueno, todos los son- el capítulo que habla de la gente o empresas que compran seguidores falsos en Twitter, o “me gusta” de Facebook, o “vistas” de Youtube. Prácticas todas ellas para inflar el ego o justificar en algunos casos los presupuestos nada despreciables para campañas de posicionamiento con “gurús” o agencias que te prometen la fama a lo Justin Bieber (bueno, un poco maltrecha por estos días).

Como dice Pablo: intentar comprar influencia de manera artificial acaba siempre mal. La inteligencia colaborativa y el espíritu hacker  son cada día más poderosos a la hora de descubrir el fraude en la Red.

Bueno, basta. Vayan por el libro pero solo si les apetece y no se dejen influir por esta nota de @rafaelfarinas. Ahh, muy importante: no conozco a Pablo ni me está pagando -Creo que no lo haría con nadie- por decir estas cosas que ni siquiera se si las dije bien. Hecho!

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