Hace unos días leí por ahí que el 70% de los tweets que enviamos, nadie les presta atención. O lo que es lo mismo, apenas el 30% de lo que se intercambia en twitter es material que interesa a nuestros mortales cotwitteros. El resto a la porra, como dice una amiga.

Me he puesto a pensar en lo desdichado que somos  los que nos devanamos los sesos a cada rato viendo a ver qué posteamos que valga la pena. Cuando al fin damos con algo que nosotros y nadie más que  nosotros  creemos interesante, lo posteamos orgullosos como pavo real y resulta ahora que esa pavoneada de 140 caracteres pasa por enfrente de los ojos de miles de amigos 2.0 que la miran indiferentes, inmutables, fríos,  como si nada pues. Esa vaina es como para cerrar la cuenta en twitter e irse a meditar durante un mes a lo más intrincado de la selva amazónica.

-Pero bueno, qué se le va a hacer. Tenemos que seguir intentándolo -me digo enseguida, arrepentido- porque eso de irme al Amazona a meditar es como mucho, !qué va mijo!

Sin embargo, el tema continuó en mi cabeza, dándome vueltas  durante varios días, sin querer irse por nada del mundo. Pensé y repensé y al final ésto fue lo que concluí.

1. Esto de twittear es una batalla campal donde todos nos estamos disputando el 30% de una torta.  Eso ya nos pone en aprietos y empezamos entonces a afinar nuestras estrategias para merecer la atención de nuestros contertulios sin que tengamos la más mínima certeza de que lo lograremos, por muy símpaticos que seamos. Por el contrario, por querer serlo más de la cuenta lo que podemos conseguir es un mortal unfollow para que no nos demos de payaso. Apelamos a citas, refranes, fotografías, canciones, sexo, astrología, post sesudos, link de todo tipo, y hasta  frases propias que nos dejan exhaustos después de estar como media hora pensándolas. Virgencita por Dios te lo pido que este próximo tweet mío sea todo un suceso y que todo el mundo quede encantado y lo lea y por lo que más quieras virgencita que le hagan retweet que yo te juro que si me haces el milagro ya no sigo por twitter mandándole saludos públicos a Bill Gates.

2. En esto de twittear se cumple el principio de Long Tail, o de la larga cola.  Es decir, el 80% de la atención se la lleva apenas el 20% de los twitteros, con lo cual el otro 80%  de twitteros nos tenemos que conformar con el 20% de la atención en la red.

3. Somos un grano de arena en el desierto.  Si partimos del supuesto de que a la fecha somos aproximadamente 200 millones de usuarios en twitter, entonces quiere decir que 40 millones se llevan el 80% de la atención, y el otro 20% nos lo repartimos el resto. De ese 20% le toca a cada uno algo así como el 0,1% de la atención de  nuestros semejantes, siempre y cuando todos reciban su porcentaje sin mayores agallas, pero no, resulta que en esta batalla campal hay quien se lleva un poco más de la cuenta y los menos aventajados terminamos entonces como unos nulos 2.0, apenas percibidos por nuestro entorno requete más íntimo, gorgojeando no como un pajarito azul de la emoción, sino atragantados de tanto hablar sin parar y sin que nadie lo note.

4. A quién retweeteamos. Si al 70% de los tweets no les para nadie, y a un 30% si les paran, entonces trabajemos con ese 30%. De acuerdo al principio de la larga cola, el 24% de los retweets y menciones se los dedican al 20% de los twitteros y el 6%  al resto. Es decir, un 80% se las arregla con un 6% de retweets. No es justo, pero es así, si no lo creen vean cuántos retweets tiene en el mes de agosto gente como Justin Bieber, Lay Gaga, Joe Jonas, o sexstrology, por mencionar sólo algunos.

5. Conclusión: hay un cementerio de tweets.  Claro, el 70% de los tweets van a parar al olvido. Me pregunto, cuántos estaban dedicados al amor, a la amistad, al odio, al rencor, a la vanidad, a cantar una pena de amor, a dar una información relevante, a piropear, a insinuar, a insultar, a presumir, …en fin a decir algo.  Adónde habrán ido a parar, cómo se les arreglarán solitos sin ni siquiera haber tenido la dicha de ser leídos.

En todo esto he pensado y también en la imagen final de ese sueño despierto.

Ese sueño en que arribo a un cementerio brumoso, sombrío casi.  Y hay tumbas pero encima de ellas hay solo frases de 140 caracteres y todas ellas que son millones y millones se van apoderando de los espacios. Primero en las tumbas, panteones, en  los floreros, en la tierra, en la grama, y hasta en los árboles y más allá. Todo cubierto de frases, como si me encontrara yo en medio de un libro gigante a retazos.

Me detengo bajo un árbol frondoso.

Justo en ese instante lo veo venir.

Un tweet acaba de llegar, buscando espacio donde ya no hay, y se posa inseguro en la rama alta del árbol. Se mueve luego, y empieza a caer como una brizna de paja, lentamente cae, y entonces logro leerlo nitidamente:

“Prestad atención”.

Comments are closed.

Post Navigation