Estamos viviendo en tiempos de las redes sociales online (RSO) y en ellas todo gira en torno a una palabra mágica: COMPARTIR.

Las redes sociales han nacido para juntar deseos, ilusiones, esperanzas, temores. Para llevar al otro lo que desde  nuestras más íntimas trincheras deseemos compartir, bien sea un simple link con temas de interés común, o una aguda reflexión filosófica o un chisme de farándula. Algunos simplemente hablan y hablan, mientras que otros suben canciones, videos e incluso fotografías de la última sesión de pedicure de su perrita chihuahua. No importa, comparten y comparten y eso justifica su existencia en la red, por lo menos así lo creemos fervientemente.

Qué mejor justificación entonces para unirse a una red social que el acto de compartir profusamente, abrirnos desinteresadamente, dar lo mejor de nosotros. En definitiva,  llegar a ser hombres y mujeres nodos todos de una gran red de ilusiones satisfechas. He allí la magia, es como construir por intermedio de ellas un mundo posible, sin fronteras, libre de formulismos sociales y más bien abierto al contacto de la gente por medio de estímulos binarios.

Sin embargo,  no todo es así en la práctica.

Casos hay de actitudes en las RS que nos hacen dudar a veces respecto a cuánta sinceridad circula por ellas y qué inconfesados motivos impulsan a algunas personas a darse de alta en Facebook o Twitter, por ejemplo,  sin que tengan la más mínima intención de compartir nada,  ni siquiera el saludo gratuito de cada día. No cuestionamos esas actitudes pero qué bien sería acortar las distancias y hacer a los hombres más humildes y más humanos.

Quienes así actuan tienen sus razones, y no dudamos que muy valederas. Es su libre albedrio. Actúan como nodos de las redes sociales, pero nodos a contramarcha, disidentes, lejanos, trepidantes, irreverentes…y poco a poco van creando en torno a ellos una especie de gran red asocial.

Observando conductas, apreciamos 7 grupos habituales :

1. Los que no siguen a nadie o a pocos. Me he preguntado con frecuencia cuáles podrían ser las razones de esta conducta que justifique esa indiferencia. Dos han sido mis respuestas: 1) no tenemos nada que aportarles y por tanto somos para ellos poco menos que cero, y 2) simplemente no les da la gana, y punto.

2. Los que se dan de alta y no envian tweets ni publican nada. Confieso que de todos los grupos, éste me inquieta sobremanera. Cómo adivivar sus motivos para el alta y sus razones para el silencio. Por qué nos privan del placer de leerles alguna genialidad o tan sólo una bobería encantadora. He llegado incluso a pensar que podrían tratarse todos ellos de espías que fungen como representantes de otro planeta, cuyo propósito es devorar nuestra información y no darnos a cambio ni una pizca de la suya. Una forma de ir entrenando para el asalto final, pues.

3. Los vendedores compulsivos. Todos los identificamos inmediatamente. No pierden tiempo y desde el primer contacto ya te están haciendo toda clase de ofrecimientos con la promesa de que si les haces caso terminarás más rico que Carloss Slim. Me pregunto, cómo pueden pretender vender aunque sea ilusiones a quien no conocen?.  La otra vez seguí a uno de ellos en Twitter y enseguida me mandó un DM, con un texto más o menos así:

“Gracias por seguirme. Te quieres ganar XXX dólares desde la comodidad de tu casa?…visita mi pagina, y emprende así el mejor negocio de tu vida”.  Qué amable este tipo, mira que ofrecerme a mí ese platal sin mayores esfuerzos, sólo basta con ir a su página. Despues dudé un poco y me dije  pero bueno si este mensaje le ha llegado a los 30 mil seguidores que tiene el buen samaritano, el pobre va a quedar arruinado porque todos ya habrán ido, yo el último.  Mejor dejo pasar la ocasión a ver si aumenta la oferta, pensé.  Y ni  de vaina miré su página.

4. Los reyes de la simpatía. Son menos frecuentes pero hacen el esfuerzo por existir. A veces nos sorprenden con esas “salidas ingeniosas” con las cuales pretenden acercar las distancias y rendirnos a sus pies, muertos de puro amor del bueno. Lo peor no es que las tengan, sino que no se den cuenta.  Juegan a que son simpáticos y creen gozar del derecho a que les contemos nuestra vida después del primer tweet. Con un lenguaje llano pero tosco y vulgar a veces,  se abrogan facultades personales casi terapeuticas.

5. Los provocadores. Provocan conflictos e intervienen impunemente en cuanto debate se plantea en la red, aunque no les incumba. Es su naturaleza. Su herramienta preferida son los hashtags #%&=!!$&% que les salen como si no llevaran haciendo otra cosa desde la primera nalgada providencial. Su afán es la confrontación y el descrédito del prójimo, pues en esto de las RS de lo que se trata, según ellos,  es de poner en evidencia a quien ose asomar la cabeza; los cazamos como conejos -dicen.

6. Los envidiosos. En las RS cualquiera que haya llegado a ser reconocido por su trabajo y dedicación, y porque le haya costado Dios y su ayuda labrarse el crédito profesional a costa del esfuerzo de todos los días, es candidato a ser bajado de esa nube. Alguno saltará y empezará a cuestionarle sus ideas no de la forma en que suelen confrontarse, con argumentos y mucha clase,  sino atribuyéndole al autor de las mismas pocas calificaciones para pensar en algo valioso,  y cuidado si hasta negándole la facultad misma de pensar. Si crecen nuestros amigos online, se enojan. Si nos va mal con ellos, se alegran.

7. Los amigos, enemigos de nuestros amigos, que terminan siendo nuestros enemigos. Estos días fui blanco de la más cruel de las indiferencias de un amig@ online. Cumplí con todas las pautas de un buen ciudadano, abrazos digitales incluídos.  Pero nada. El amig@ permaneció callado y en medio de ese silencio empecé a preocuparme y dije cónchale yo no he hecho nada, asi que aquí debe de haber algo que yo desconozco. Revisé el TL del amig@ enojado y encontré la razón: tres días atrás se había caído a piña verbal con uno de mis seguidores a quien yo suelo mandar más saludos que político en campaña, y darle los buenos días y hasta decir en su nombre oraciones a la Santísima Trinidad. Pues esa gracia me costó un amigo, y lo peor de todo es que sin que yo hubiera hecho absolutamente nada, o mejor dicho apenas por haber cometido el pecado capital de saludar a todo el mundo como siempre, con cara de tequieromucho.

Qué cómo se corrigen todas estas conductas?…qué voy a saber yo.  En cualquier caso están allí porque constituyen la excepción a la regla de que las RS son el espacio ideal para mostrar lo mejor de nosotros, lo que nos caracteriza, lo que nos define y nos diferencia del mono.

Dejé de pensar en todo esto y me dije:

Por cierto, es hora de tomar el desayuno. Acto seguido me senté en la mesa,  y comí la banana.

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