Nicholas Carr nos enseña que los miles de billones de sinapsis que se producen dentro de nuestros cráneos atan las neuronas entre sí en un entramado de circuitos, provocando lo que pensamos, cómo nos sentimos, y lo que somos. (Carr, 2011).

De manera pues que cien mil millones de neuronas que pugnan a través de interacciones electroquímicas son las responsables directas de  que nuestras emociones fluyan en una dirección determinada, nos modelen…y se hagan acción.

A partir de esta compleja visión de cómo funciona el entramado cerebral, nos hemos preguntado  a menudo ¿qué estímulos suelen orientar la conducta habitual de los internautas? ¿qué los diferencia a unos de otros? ¿por qué algunos son conservadores  y otros optan por la irreverencia y la desmesura?

Dejando de lado  la condición personal de cada quien, en la Red hay dos factores visibles que en forma de estímulos suelen tomar por asalto esas zonas o barreras de contacto entre neuronas,  en las que se originan las emociones y por tanto de las que se derivan cada una de nuestras acciones: i) uno positivo o interés de compartir, ii) otro negativo o reacción a estímulos del entorno 2.0.

1. El interés de compartir.

Los internautas asumen voluntariamente su condición de nodos. Los estimula y anima deseos de interactuar, de ejercer su condición de proveedores de información en todos los sentidos y a través de variadísimas modalidades de intercambio: páginas web, blogs, foros virtuales, mail, redes sociales, etc, etc. La relevancia del contenido del intercambio es secundario. Lo que cuenta es el hecho de estar conectado y compartir siempre con el otro, de poner a disposición, voluntariamente,  todo cuanto crea de interés para el entorno: desde información relevante hasta los contenidos más triviales de los que pueda disponer.

2. Los estímulos negativos del entorno 2.0.

Son inducidos por las conductas de los otros que buscan la desaprobación y el rechazo: ofensas, ataques, burlas, descalificaciones, etc. En estos casos, los internautas víctimas suelen reaccionar negativamente a tales estímulos y producir respuestas similares que, al juntarse con las de sus agresores, terminan haciendo de la red una especie de batalla campal. La ley del talión suele estar a la vuelta de la esquina, o mejor dicho al alcance de un click. El internauta no duda ni un segundo en responder al agravio, y lo hace rápidamente, sin dudar, con tiempo apenas para pensar el efecto.

3. ¿Qué induce a uno u otro tipo de estímulos en la red?

En el primer caso, esa innata cualidad del ser humano de hacer el bien, de complementarse en el otro. En el segundo, la creciente tendencia a la superficialidad más absoluta, al individualismo, a la negación del otro.

De ambos, el primero nos justifica, nos hace más solidarios…y más humanos.

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