En un  medio tan interactivo como Internet, la clave en el comportamiento de los internautas está conformada por las dos c: actitud y disposición para compartir, y plena conciencia respecto de los contenidos que se proveen.

En Internet podemos optar entre asumir un rol de consumidores pasivos de contenidos producidos y distribuidos por otros, o por el contrario crear y compartir nuestros propios contenidos. Cualquiera de los dos roles determina la tipología del usuario red. Ya no basta simplemente con hablar, chatear…las personas también acudimos a la red por la necesidad de estar informados, de conocer, de saber. Vamos a Internet porque estamos seguros de que allí conseguiremos en tiempo real la información que necesitamos, o también para fidelizar un nicho, una audiencia objetivo que use, comente y comparta nuestros propios contenidos.

El contenido, pues, es la columna vertebral de las interacciones digitales hoy.

Por esa razón, son habituales en esta era digital las discusiones respecto de temáticas que guardan relación con los contenidos. De ellas surgen variados grupos de interés cuyas posturas, en un brevísimo resumen, podríamos clasificarlas en tres tipos:

1. La red es libre y también el contenido.

Es la postura usual, la más frecuente, es la que defiende la libertad absoluta de la red y por ende de los contenidos que circulan por ella; se oponen tenazmente a los intentos de los gobiernos de crear mecanismos jurídicos de control en la red, propugnan la horizontalidad entre usuarios y rechazan toda forma de control, incluyendo los DRM o cualquier otro dispositivo tecnológico que limite o restrinja el acceso a los contenidos.

2. Los contenidos gozan de una protección jurídica.

Es la postura de los titulares de los derechos sobre las obras y otros contenidos. Creen y defienden la libertad de la red, pero sin perjuicio –dicen- del respeto por los derechos; defienden la integridad de los contenidos, su utilización lícita, y rechazan la piratería en todas sus modalidades.

3. La ética como guía en el uso de contenidos.

Los defensores de este grupo de interés se proponen  lograr en la red acciones más justas, más humanas, más éticas; abogan por un equilibrio entre la libertad de acceso y el derecho de los proveedores de los contenidos.

Como nos enseña Savater, la ética es una actitud, una reflexión individual sobre la libertad de los demás, sobre sus valores y principios, una búsqueda acerca de las verdaderas razones que tenemos todos y que nos hacen ser de una manera y no de otra.

En lo particular creemos que no es difícil conciliar la primera postura con la segunda, sobre la base de un ejercicio ético. Cada quien proceda según sus valores, cada quien asuma según sus acciones. Tampoco negamos la necesidad y la eficacia de los dispositivos técnicos y las medidas tecnológicas de protección de contenidos, pero en caso de aplicarse, tales medidas no han de ser abusivas, prolijas, injustas, no han de imponer restricciones excesivas, no deben restringir de manera sustancial el acceso libre a los contenidos culturales.

Sí, pues. La aventura de compartir en la red es fantástica y muy fácil de llevar a cabo, lo difícil es hacerlo éticamente.

¡Ese ha de ser nuestro propósito!

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