He aquí de cómo se llega a ser tuitero y de las aventuras para llegar al éxito.

Todo comenzó hace  dos años.

Cónchale, parece que fue ayer pero de verdad es que ese día tenía una especie de soledad de esas en que nada parece tener sentido porque cómo va a tener sentido algo cuando eres un ser totalmente solo como la una, y despreciado sin razón aparente por todos los demás seres respingados de este mundo de carne y hueso.

Mi nombre es Carlos, y soy twittero por accidente y ahora gozo un imperio con esto de las redes sociales. Pero no siempre fue así.

Una prima de un hermano de un tío de un amigo mío me tropezó por casualidad en una fiesta de esas de perdedores y me dijo Carlos chico pero entra a las redes sociales y ponle un parao a toda esta gente de porquería y haz nuevos amigos y comparte con otros, ya verás que se te pasa toda esa rabia contenida. Evádete, me dijo. Y yo con cara de sorprendido le dije que no sabía qué era eso de las redes sociales y que por lo general cuando veía una pc fija o portatil no se por qué la confundía con un televisor. Ni que decir de los smarphone ni de las modernísimas  tabletas. No seas bruto me dijo, refúgiate allí y verás que la vaina es heavy y te pone full conectado con gente linda en todo el mundo y así desechas de un plumazo tanta miseria de esa gente que no te quiere bien, y para quien eres poco menos que nada.

Sí, le dije, ya estoy harto de no tener amigos y mira que hago el intento y con las novias tampoco se me da bien la cosa.  Debe ser que soy feísimo o que los demás son tan lindos que yo parezco una vaina rara, o sufro quizá de algún mal que aún deconozco pero que los demás aprecian de lejos y entonces todos salen despavoridos como alma que lleva el diablo.

Me puse manos a la obra y abrí mi perfil: lo primero era un nombre que se pareciera a mí pero no tanto. Ya se, dije, y le puse @…… recuerdo como ayer que mi primer tweet fue de antología: sin tener todavía ni un seguidor siquiera, grité o tuitié a los cuatro vientos: “buenos días, twitteros todos de la tierra”. ¡qué bolas!

Lo cierto es que la vaina me gustó. Poco a poco fueron apareciendo los seguidores. Yo feliz, pues tenía una semana siguiendo a medio mundo y a punto estaba ya de llegar al tope de seguidos y en peligro de ser catalogado en las entrañas de este nuevo monstuo como un spam despreciable.

Ah no, dije, ni por el chorizo, esto no me vuelve a pasar. A mí no me van a despreciar de nuevo así como así. Fue por esa razón que de los links noticiosos pasé a las frases, de las frases a los videos, de los videos a las letras de canciones, de allí a los auto-ayudas, me convertí en RT adicto, saludaba más que candidato en campaña, reía y lloraba con mis twitter panas, y a mis enemigos de la red ni con el pétalo de una rosa.

Me llené de seguidores, fuí el tipo más simpático  de la comarca. Todo el mundo decía pero chico cómo hiciste, qué éxito, no parecen vainas tuyas tú que eras casi un ermitaño y ahora eres alegre, compartes, te quieren, te miman, todo el mundo quiere seguirte y aplaudir tus genialidades. Eres casi la competencia de Justin Bieber.

Me dije yo no se pana qué será lo que hice pero lo cierto es que esto de las redes sociales es una maravilla, aquí todo el mundo es devoto voluntariamente de un ávatar de otro, sin importarle tres pepinos quién eres de carne y hueso o si tienes una tara social que te ha dejado a medio camino entre el mono y el estadio último de la evolución.

Los seres humanos somos gregarios por naturaleza y la inmensa mayoría tiende a la igualdad. Lo que pasa es que nunca faltan seres equivocados que pretenden ser más iguales que otros. Vaina de la gente en evolución.

Tiempo después, la prima del hermano del tío del amigo mío me volvió a encontrar:

Cómo te fue con las redes sociales, preguntó. Tienes buena cara. o,  ¿No me digas que ya te cansaste?

La miré sonriente, como adelantándole una confesión, y le dije:

– !Tas loca!

 

 

 

 

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