Así se titula la reciente novela del enfant terrible de la literatura francesa, Michel Houellebecq.

Precedida de la opinión favorable de la crítica y del premio Goncourt, confieso que iniciamos su lectura con gran curiosidad, una especie de aventura con los ojos cerrados, emprendida  con la esperanza de toparnos a través de sus páginas con grandes hallazgos.

Tal vez el hecho de no haber leído antes nada de Houellebecq le imprimía además a la aventura una especie de vértigo, pero no se por qué extraña razón era total la certeza de que nuestra curiosidad estética sería compensada con creces.

Y así fue.

Adentrarnos página a página en El mapa y el territorio fue una especie de subida a una montaña rusa de última generación donde las sensaciones se suceden una a una, a gran velocidad, con esa especie de temor-gozo donde ya no puedes hacer nada para evitarlo pero que al final agradeces haber vivido. La propia cita de introducción de Charles D´Orléans, escogida por Houellebecq para dar inicio a su novela, es un desafío:

“El mundo está harto de mí y yo estoy harto de él”.

Y con ese reto comienza el combate  de un creador que va desgranando impecablemente el mundo de los silencios entre seres  cuyo destino es estar separados para siempre, el mundo del arte contemporáneo con todas sus vicisitudes y sus miserias, la fotografía nítida de una sociedad con reglas precisas en extremo, capaz de decidir a dedos, implacablemente, dónde comienza y dónde termina la linea precisa del éxito y el fracaso.

La novela nos lleva de la mano, sin soltarnos un instante, por los caminos del arte y de ese mundillo donde las influencias de hombres y empresas -sobre todo hombres y empresas de grandes capitales- deciden la suerte de las obras y sus creadores. Qué más da que se trate de arte contemporáneo, lo que importa es que las obras terminen formando parte de sus valiosas colecciones privadas después de salir airosas de las habituales guerras de precios. Por eso no fue extraño conseguir en esta novela al mismísimo millonario mexicano, de origen Libanés,  Carlos Slim Helú, axhorto ante el cuadro Bugatti, en el que se reproduce el Bugatti Veyron 16.4, el automóvil más rápido y el más caro del mundo.

Dos momentos cumbres: la gran exposición, donde las obras danzan de un lado a otro en respuesta las reglas del mercado, con sus títulos sugestivos que constituyen sin duda un guiño a los tiempos de ahora, por ejemplo: “Damien Hirst y Jeff Koons repartiéndose el mercado del arte“, y “Bill Gates y Steve Jobs conversando sobre el futuro de la informática“; otro:  el robo del cuadro “Michel Houellebecq, escritor“, hecho extraordinario que nos introduce en la parte final de la obra, donde el propio autor-personaje corre una suerte inesperada, y sorprendente.

¿Y por qué el arte como tema? …pues he aquí el guiño del propio Houellebecq, haciendo alusión al pintor y personaje principal: “se puso a hablar de sus cuadros, del trabajo que había emprendido hacía ya un decenio, de su voluntad de describir por medio de la pintura los diversos engranajes que contribuyen al funcionamiento de una sociedad”

Cerramos la novela con la convicción renovada de que el Libro es, en general, la herramienta perfecta para brindarnos placeres estéticos, una y otra vez… y otra vez.

Comments are closed.

Post Navigation