En las redes sociales online prolifera el intercambio de datos propios y ajenos; es su naturaleza. Ahora bien: ¿Cómo evitar que la propia dinámica de la interacción se convierta en un factor  más que facilite la vulnerabilidad de la información y los datos relativos las personas?

Una de las cuestiones que genera mayor debate en los foros de social media guarda relación con el respeto a la privacidad  y protección de datos personales de sus usuarios.

Concretamente, la preocupación gira en torno a la cuestión de cuál es el límite entre el ámbito privado y el público, y por ende lo que es susceptible de compartirse con el resto de los usuarios sin que ello comporte una violación a la privacidad del propietario de los datos.

¿Cómo preservar la privacidad en la sociedad de la información y comunicación? ¿Cómo garantizar que la propia dinámica de la interacción en los social media no sea un elemento más que contribuya a la vulnerabilidad de la información y datos privados relacionados con las personas?.

He aquí la cuestión.

A pesar de que la razón de ser de las redes sociales reside en su infinita posibilidad de compartir, hay información y datos respecto de los cuales sus propietarios prefieren mantenerlos en un círculo más privado, o en todo caso compartirlos en grupos cerrados de personas.

No obstante, bien por desconocimiento o por virtud de una acción típica imputable a título de dolo a ciertos usuarios de la red, lo cierto es que con frecuencia nos topamos con violaciones flagrantes a la privacidad de las personas. Ello es probable que ocurra por lo menos en tres momentos del iter  de  la interación 2.0:  i) al darnos de alta en alguna de las plataformas,  ii) mientras formamos parte de ellas, y iii) cuando nos damos de baja como usuarios del servicio.

1. Al darnos de alta en alguna de las plataformas.

Las platarformas tienen su propias políticas de privacidad y con algunas variantes  establecen que al utilizar cualquiera de sus servicios el usuario consiente la recogida, cesión, tratamiento, almacenamiento, revelación y otros usos de su información según lo descrito en la Política de Protección de Datos. Ello aplica sea cual fuere  el país en el que resida o desde el que suministre la información, de modo que  la autorización a la plataforma abarca los Estados Unidos de América y cualquier otro país en el que opere. En general se trata en esta fase, como sostiene Mónica Vilasau, de una divulgación no espontánea de datos, algunos de ellos muy sensibles (Vilasau Solana, 2010).

2. Mientras formamos parte de ellas.

En Internet los nichos habituales de comunicación son las páginas web, los blogs, el  envío y recepción de mensajes electrónicos, los grupos de discusión y chats, o  las  redes sociales online. En todos estos medios suceden intercambios de datos respecto de cuya utilización no se guarda siempre el debido cuidado, sobre todo cuando tales datos son suministrados por el usuario de forma inconsciente mediante una actividad de colecta secundaria de datos, lo cual ocurre por el rastro dejado, a traves de la vinculación a un ISP, de la música que se intercambia, las páginas web a las que se accede, los videos que se descargan, o las personas con las cuales se interactúa habitualmente.

En las redes sociales online (RSO) esa huella, que configura el perfil del usuario, evidencia quiénes somos, los intereses que nos animan, los contactos que tenemos, las actividades en las que participamos, los juegos habituales, las encuestas que contestamos, y hasta las aplicaciones que descargamos o usamos. Todo eso configura,  según Grimmelmann, nuestra imagen digital.

Y eso tiene relevancia cuando tales datos o información sensible de los usuarios se transfieren a terceros con fines de publicidad, por ejemplo.

En ese sentido, especial atención merece la cláusula de transferencia de datos de Twitter. Es tan amplia que abarca incluso la facultad de vender la información. Veamos:

En caso de que Twitter se vea afectada por un concurso, fusión, adquisición, reorganización o venta de activos, su información puede ser vendida o transferida como parte de dicha situación. Lo declarado en esta Política de Protección de Datos aplicará a la información que se transfiera a la nueva entidad”

3. Cuando nos damos de baja como usuarios del servicio.

Lo relevante acá es saber cuál será el destino de los datos personales suministrados al principio, una vez que decidamos darnos de baja en cualquiera de las redes sociales de las que formamos parte.

En el caso de Facebook se tarda un mes aproximadamente en eliminar una cuenta, pero la información queda almacenada en una copia de seguridad por 90 días, mientras que en Twitter durante 30 días tras la desactivación todavía es posible restaurar la cuenta si se desactivó de manera indeseada o accidental. Pasados 30 días, empieza el proceso para dar de baja la cuenta del sistema, lo cual puede llevar hasta una semana.

En resumen, como afirma Victor Drummond, la violación a la privacidad en Internet tiene lugar cuando hay un desplazamiento de la información o datos  de un ambiente de comunicación privada a uno público, o cuando ese desplazamiento se da para un ambiente de comunicación privado del cual el titular de los datos o información no forma parte (Drummond, 2004).

El desplazamiento así descrito por parte de terceros acarrera responsabilidad por violación de la privacidad; en cambio, cuando se trata del suministro de la información por parte del propio titular, la siguiente nota a la política de privacidad de Twitter, por ejemplo,  es una advertencia útil:

Lo que se dice en Twitter puede verse en todo el mundo de manera instantánea“.

¡Ello aplica, con pocas variantes, a todas las redes. No está demás tenerlo presente!

 

One Thought on “La protección de la privacidad en redes sociales

  1. Pero, el impacto de las redes sociales se ha visto, sobre todo, en los casos de menores fallecidos. Así, en el caso de Marta del Castillo, se publicaron informaciones del tipo “Un asesino de la generación 2.0” [12] en la que se creaba un vínculo entre el uso de internet y de las redes sociales y el asesinato de la menor. Pero lo más curioso de este caso es que los perfiles de los supuestos culpables y el de la propia fallecida acabaron en la red siendo públicos y visitables. La cuestión que se planteó entonces es la de la falta de privacidad y de protección de datos teniendo en cuenta que varios de los implicados en el caso eran menores.

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