Actualmente parece estar en boga el uso del disfraz. Como si se tratase de un asunto carnavalesco, miles de usuarios de internet optan por mostrar ante los otros una imagen de sí que realmente no se corresponde con lo que son. Por tanto, se vive en un estado de simulación que colinda con la farsa. Así que preguntémonos, ¿preferimos aceptarnos como somos y mostrarlo al mundo sin complejos o vivir un engaño propio? Acá abordaremos la duda.

Hay siete mil millones de personas en el mundo, de las cuales más del 30% tiene conexión a Internet. Cada día ese porcentaje crece exponencialmente dado los múltiples programas dedicados a promover y desarrollar conexiones virtuales entre personas, sobre todo de las regiones económicamente más deprimidas del planeta.

Ahora bien, ¿cuán útil es esta conectividad en auge para las personas y sus nichos habituales, sus comunidades? ¿cuál es el rol que cada quien juega en la red en su condición de nodo y cómo afecta ello al conjunto del sistema?

Aunque Internet ha traído consigo las redes sociales digitales y éstas a su vez mayores flujos de información, interacción a escala global y horizontalidad en la forma de encarar relaciones entre personas, no siempre los nodos que somos actuamos en social media con la diligencia de un buen padre de familia. A veces preferimos en su lugar la confrontación al acuerdo, el anonimato al perfil verdadero, la simulación a la autenticidad, el plagio a la originalidad, la sonrisa fingida a la carcajada libre. Ello configura una especie de negación del sistema nodal de la red, una excepción, una prueba con la cual se reafirma por efecto en contrario –sin que a veces se tenga plena conciencia de ello- de que estamos, como lo afirma Dolors Reig Hernández (@dreig), justo en pleno desarrollo de la sociedad de la transparencia, de la autenticidad a toda prueba.

En esa sociedad virtual cuyos valores se basan en la transparencia, persisten hoy, sin embargo, perfiles con cuerpo y alma y voz que no son propios pero que de pura pose se asumen como si lo fueren; con ellos se pretende ingresar como parte de una comunidad y lograr a través del engaño la aceptación de sus miembros. Veamos:

1. ¿Eres tú realmente o solo apenas?

Algunas personas físicas suelen usar fotografías o imágenes falsas, por ejemplo, como avatar o identificación en las redes sociales digitales. Ahora, qué sentido tiene ocultarse fraudulentamente en una imagen que no es la propia, o camuflarse parcialmente en ella, o sustituir nuestra condición con el propósito de hacer parte de un grupo humano. Hoy es probable que un intento de esa naturaleza pueda ser un caso de éxito solo al principio, pues con el tiempo, y gracias a la mirada global, aflorará la verdad y la impostura quedará al descubierto.

2. ¿Hablas tú o es solo un eco distante de tu otro yo?

Un discurso ajeno en redes sociales es una negación de sí mismo. Son visibles los esfuerzos de ciertas personas o empresas por asumir en las redes sociales, una voz que no les pertenece, con la cual buscan a toda costa un espacio desde el cual incidir para beneficio propio. Son aquellos cuyos discursos suenan huecos, superficiales, vacíos. Quedan en evidencia porque no existe armonía, simetría, concordancia entre lo que pretenden transmitir y lo que expresan.

3. ¿Y quién resguarda la cola del avestruz?

También es usual, sobre todo en las empresas, ocultar errores, carencias o fallos cuyos efectos en el entorno son impredecibles. Aún hoy, con todas las múltiples formas de expandir velozmente una mala noticia, suelen optar algunas por callar o sostener enfáticamente ante comunidades virtuales que todo está bien. La realidad nos enseña que pocos minutos se necesitan hoy para desvelar cualquier afirmación que no se corresponda con la verdad.

4. ¿Y qué hacer entonces?

Solo ser auténtico. La autenticidad es lo que va a conseguir que tu forma de actuar no sea percibida como cínica o manipuladora. Causas una mejor impresión y más duradera cuando te ven siendo tu mismo, nos enseña Andrés Pérez Ortega (@marcapersonal). En suma, como lo sostiene un informe del Corporate Excellence-Centre for Reputation Leadership, la era de la transparencia y la ética en los negocios y la vida ha implicado un cambio radical en la conducta de las organizaciones y las personas en tanto sus nuevos valores ligados a la red están basados en la autenticidad, la honradez, la integridad, la credibilidad y el compromiso.

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