Afirmar o divulgar a un tercero un hecho capaz de causar perjuicio al honor o reputación de otro es difamación. En social media podría ocurrir. Mira cómo.

En el uso de social media no siempre se actúa con el cuidado debido. En ocasiones -cada vez más a menudo- estas herramientas son la vía perfecta para difundir todo tipo de mensajes, incluso mensajes que pudieran afectar de algún modo la vida privada o reputación de terceros.

A veces ocurre sin que reparemos en ello en las primeras de cambio, y cuando nos damos cuenta ya  es tarde.

Un ejemplo de ello es la difamación a través de las redes. Para que se configure una difamación a través de las redes sociales han de configurarse estos tres supuestos:

 Afirmar o divulgar un hecho difamatorio

La difamación se configura mediante la imputación que se hace a una persona de un hecho ilícito, cualidad o conducta  específicos, capaz de exponerlo al desprecio u odio público, u ofensivo a su honor o reputación.

En el caso de Twitter puede ser tuiteando directamente un señalamiento específico contra un tercero, convencidos de que lo que decimos de él se corresponde con la verdad, o bien haciéndonos eco en la red mediante retuits de las afirmaciones que hagan terceras personas. En estos casos, generalmente en nuestro timeline, se asume ligeramente que lo que ellos dicen de los demás es cierto, independientemente de que tales informaciones o afirmaciones nos consten o no.

Que atente contra el honor o reputación del ofendido

Bien porque el hecho afirmado o divulgado  no se corresponde con la verdad, o en todo caso por haberse usado en un contexto diferente, tendenciosamente delictivo, asociando a la víctima con un hecho con el cual no ha tenido que ver,  con el propósito directo o indirecto de causarle un perjuicio.

Que la afirmación o divulgación se  haga a terceros o ante éstos

En twitter eso es posible,  pues aunque los usuarios no estamos todos presentes en un  mismo lugar, sí estamos en comunicación constante gracias a la tipología de la herramienta, bien de manera directa interactuando con nuestros seguidores o seguidos, o bien indirectamente a través de retuits o menciones.

Y si lo dudamos no pierdan de vista el caso del columnista del diario británico The Guardian George Monbiot, quien tendrá que realizar tres años de trabajo social como castigo por haber difamado en su cuenta de Twitter al político conservador Lord McAlpine.

En este caso, por cierto, quedó claro que es relevante el público o audiencia probable que reciba el mensaje difamante. Tener una gran cantidad de seguidores, como los tiene Monbiot, fue un agravante.

De modo que si bien es bueno tener una gran cantidad de followers, tal vez no te parezca  así cuando ante un eventual juicio por difamación tener muchos opera en tu contra.

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