El consentimiento online es toda manifestación de voluntad, libre, inequívoca, específica e informada.

Por naturaleza, el ser humano es desconfiado. Suele pensársela dos veces antes de decir sí y sobre todo cuando lo que demanda su aprobación es algo que desconoce o sobre lo cual tiene reservas.

¿Quién no ha dicho alguna vez aquello de “déjame pensarlo”?  Todos lo hemos hecho porque es de sentido común.

Pero hoy eso ha ido cambiando drásticamente. En los social media el consentimiento se presume a priori como algo normal, algo que se da sin pensarse mucho, sin que se analicen las consecuencias de asentir con ligereza.

Estamos en la era en que todos -o casi todos- asentimos para no desentonar y mantener el paso de la manada.

El sí de hoy es apenas un click

Las redes sociales online tienen unas condiciones de uso que casi nadie lee. En ellas hay cláusulas específicas respecto a la autorización explícita de los usuarios. En las condiciones de servicio de Twitter, por ejemplo, se establece que mediante el envío, la reproducción o exposición de contenido en los Servicios o a través de los mismos, concedes una licencia mundial, no exclusiva y gratuita sobre el uso, copia, reproducción, procesamiento, modificación, publicación, transmisión, exposición y distribución de tales contenidos a través de cualquier medio o método de distribución presente o futuro.

Con algunas variantes, esta norma aplica en el resto de las redes sociales online. Al darnos de alta otorgamos un consentimiento implícito a la recogida y el uso de nuestra información personal, incluyendo, el consentimiento para la transferencia de esta información a los Estados Unidos u otros países, con fines de almacenamiento, tratamiento y uso.

El sí de hoy es inducido y a veces irracional

Cada vez más personas quieren estar en los social media, usar las bondades de acceder a contenidos de todo género, sin limitaciones, y a bajo costo. Pero el bajo costo suele ser sólo económico porque en ocasiones esa ligereza de clickear y darnos de alta en cuanta red social o aplicación surge en el mercado -sin que tengamos a veces una necesidad personal o profesional de usarlas- comporta riesgos personales al no tomar medidas eficaces que garanticen nuestra seguridad y privacidad en la red.

En el afán de estar al día, clickeamos rápidamente abundantes datos personales, contraseñas muy simples y fáciles de copiar, no configuramos debidamente la privacidad, etc. Seguidamente damos click en aceptar y listo.

El deber ser del consentimiento en las plataformas online

En las Leyes Orgánicas de Protección de Datos de Carácter Personal (LOPD) se suele exigir que el consentimiento, el sí como manifestación de voluntad ha de ser libre, inequívoco, específico, e informado.

Como señala Mónica Arenas Ramiro (2010), lo ideal es un consentimiento al margen de cualquier presión, que se otorgue  sin dejar dudas,  después de haberse sopesado los riesgos de darlo y hacerlo sólo para una finalidad determinada. Es cuestionable entonces un consentimiento genérico e inespecífico. Y sobre todo, diríamos nosotros y parafraseando a Lanier, es cuestionable un sí que sea producto de la imitación al rebaño digital.

Lo aconsejable en RSO es la prudencia. Ya lo decía Gracian: el no y el sí son breves de decir, y piden mucho pensar.

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