Los adolescentes permanecen cada vez más tiempo conectados a Internet para aumentar los niveles de socialización con las personas de su comunidad. Esa relación con la tecnología no es excéntrica, sino más bien enteramente normal. Sin embargo, para los adultos pareciera que no lo es.

Confieso que siempre me ha llamado la atención este tema de los adolescentes y su relación con las nuevas tecnologías, sobre todo la facilidad que tienen para usarlas en su provecho personal más elemental que es comunicarse con sus pares. No hay tregua en el tiempo, siempre están “conectados”.

Y me interesa particularmente el tema por las distintas posiciones  que tienen los adultos mayores sobre ese nivel de conexión y las implicaciones en las relaciones,  en la seguridad y en el desarrollo personal de los jóvenes.

Los más pesimistas no dudan ni un minuto en vociferar a los cuatro vientos que lo de la afición de los adolescentes por los dispositivos móviles es una adicción que causa estragos, sobre todo porque merman su capacidad de atención y los expone a menudo a amenazas como la manipulación, ataques a la privacidad, la pornografía o el ciberbullying. Este grupo cree que la tecnología es perjudicial para los jóvenes, quienes en virtud del mayor uso de  dispositivos móviles y redes sociales han aumentado el nivel de interacción con grupos de amigos digitales pero al mismo tiempo se han abstraído cada vez más del mundo tradicional.

Bauman, por ejemplo, sostiene que Facebook y otras “web sociales” están abriendo nuevas perspectivas para agencias centradas en abordar la juventud como tierra virgen que aguarda a ser conquistada y explotada por las tropas consumistas. Es la visión del adolescente como “víctima”, producto de herramientas y dispositivos que lo sumergen en una especie de adicción que lo mantiene al margen y con poca o ninguna interacción con su entorno tradicional habitual.

¿Qué efecto tienen en los adolescentes las redes sociales como Twitter, Facebook o Instagram?

Danah Boyd, en un excelente estudio titulado It Is Complicated. The social lives of networked teens, concluye que mucho, especialmente para satisfacer su demanda de socialización. Es un asunto entonces de que los adultos, especialmente los padres, no asocien estas horas de conexión de los adolescentes con peligros implícitos.

Para los adolescentes, dice Danah, lo que es nuevo es la forma en que los social media alteran y amplían la situación social al ofrecer características técnicas que las personas pueden usar para conectar con otros, les ayuda a crear nuevas dinámicas sociales, solo eso. Los chicos, por ejemplo, ven estás nuevas dinámicas como un asunto de mayor visibilidad social, no de tecnología. Lo que es útil a sus intereses no es la tecnología en sí misma sino la vida pública que ésta les posibilita.

Sostiene Danah que los adolescentes cuyas experiencias pudo conocer para desarrollar el estudio son atraídos a redes sociales populares como Facebook, Instagram o Twitter  o tecnologías móviles como apps y mensajes de textos, por diferentes razones. A diferencia de los “early adopters”, que evitaban la interacción con la comunidad local por estar en salones de chat, la mayoría de los adolescentes ahora usan Internet para conectar a la gente de su comunidad. Su participación  online no es excéntrica, sino más bien enteramente normal.

Concluye diciendo: mientras los adolescentes se enfocan en lo que significa estar en público, los adultos se centran más en lo que significa estar conectados.

Yo creo que es un asunto generacional. Los adolescentes usan las tecnologías móviles porque son herramientas usuales, son los mecanismos habituales para comunicarse hoy, son los inventos de esta generación app y por ello los usan. Por qué alarmarse entonces del estado de abstracción del adolescente promedio, de su obsesión por estar conectado a sus dispositivos, si precisamente en ellos consigue el “público conectado” que le permite mostrarse, exponerse, dejarse ver. A ese público se acerca y le habla y ante él se siente bien y tomado en cuenta.

Además, las plataformas de comunicación online permiten una interacción más directa e inmediata. Ya no hace falta recurrir a las viejas formas de comunicación, salvo que sea en estado de necesidad puro y duro. Para los adolescentes, da igual el teléfono fijo, las cartas escritas a mano, las conversaciones cara a cara  o las señales de humo: todos forman parte del pasado.

Lo nuevo hoy es la interacción online y es tan habitual que forma parte de la vida del adolescente promedio. Esa es la razón por la que invierten tanto tiempo, abstraídos, en atenderlas y conservarlas. Y lo hacen con plena conciencia de los peligros de la red y seguros de que no estarán a su alcance, como en su momento tampoco lo estuvieron sus padres o abuelos respecto de los suyos.

Para que los adultos, sobre todos los padres, puedan conectarse y oír las voces de los adolescentes, deben dejar ir a su nostalgia por el pasado y alejar los miedos respecto de los efectos de las nuevas tecnologías. No es fácil, dice Boyd. Pero hay que intentarlo.

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2 Thoughts on “Los adolescentes y las redes sociales: ¿asunto de adicción o exposición?

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