Directa o indirectamente, voluntaria o involuntariamente terminas involucrado con la tecnología. ¿Ahora, es posible en este mundo vertiginoso de hoy mantenerte al margen?

Mucho se habla hoy de la dificultad que tienen las personas para permanecer alejados de sus dispositivos móviles. Cada vez es más difícil que se despeguen de sus dispositivos, en una suerte de adicción-necesidad desenfrenada.

Ahora, lo interesante no es explorar la patología “enfermiza” de la conexión habitual en si misma, ni las preferencias comerciales de las personas por determinados aparatos de última generación, sino las razones por las cuales se conectan a las plataformas sociales digitales o deciden permanecer al margen de ellas. ¿Es posible hoy permanecer ajenos a ellas y vivir cómo si nada pasara? ¿qué consecuencias tiene para las personas permanecer al margen? ¿es realmente perjudicial el exceso de conexión?. Todas estas preguntas son frecuentes entre grupos opuestos que sostienen por un lado las bondades del uso de las nuevas tecnologías para solucionar asuntos de mayor o menor complejidad diaria, y por el otro quienes profesan los beneficios de permanecer totalmente desconectado, al margen de dispositivos de cualquier tipo, viviendo una vida simple, elemental, sin prisa. Ese es el debate.

Voy a recurrir a dos ejemplos para tratar de dar mi propia visión del asunto.

En un reciente relato, titulado ¿Podría Usted trabajar una semana sin su teléfono? Matt Asay, relata día a día su propia experiencia sobre este asunto y no se ofrece para repetirla, aunque reconoce que logró una cosa esencial: ratos de serenidad, de calma, de reencuentro con él mismo.

El otro ejemplo es más cercano. En mis charlas habituales sobre propiedad intelectual y redes sociales suelo toparme con personas que viven su día a día como si nada ocurriera a su alrededor y pareciera que les importara tres pepinos el avance vertiginoso de las TICs en todos los órdenes de la vida diaria. A diferencia de Matt, los miembros de este último grupo se mantienen al margen no porque lo hayan decidido así, sino porque no se atreven o no ven la necesidad de “dar el salto” a este nuevo mundo que desconocen.

Aunque huyas de la tecnología, seguro te encontrará

Mi propia experiencia como inmigrante digital me ha enseñado que aunque no te involucres con los nuevos medios sociales online y la tecnología en general ésta te hará participe. Directa o indirectamente, voluntaria o involuntariamente, consciente o inconscientemente, pero no podrás en estos tiempos estarte al margen de las plataformas de tecnología social.

Desde un dron de Amazon que te llevará un pedido y lo dejará caer en el jardín de tu casa, hasta una aplicación para hacer pre check in o cambio de asientos en tu próximo vuelo, una reserva en un hotel o restaurant hasta contratar un táxi desde tu smartphone. Todo es posible hoy. Ya no llamas para felicitar a nadie por su cumpleaños, lo escribes en su muro de Facebook, ni lees las noticias en el diario ni vas corriendo a preguntarle a la vecina: Twitter te lo dice primero. Como dicen Howard Gardner  y katie Davis en La Generación App, el mundo hoy es una superApp, las personas y sobre todo los más jóvenes han llegado a entender el mundo como una serie de aplicaciones ordenadas o quizás, en muchos casos, como una única aplicación que se prolonga en el tiempo y que les acompaña desde la cuna a la tumba.

¿Bueno y entonces?…pues nada. Debes decidir entre permanecer al margen, viendo cómo la tecnología lo arropa todo mientras tú te vas quedando rezagado y alejándote cada vez más de tus círculos habituales porque sin duda parecerás un “bicho raro”, o empezar -si no lo has hecho hasta ahora- a acercarte silogoso pero decididamente a un mundo de redes sociales, de aplicaciones de todo tipo y para todas las necesidades.

Si no lo haces, probablemente te evites el vértigo de estos tiempos pero no las dificultades para convivir en un mundo que va a la carrera y que no está dispuesto a esperar que tú te decidas a cambiar con él.

¿Tú qué piensas?

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