La piratería digital es un dolor de cabeza para unos  y una solución para otros.  Pero sea cual fuere la posición que asumas, lo cierto es que  contribuye muy poco a estimular la creatividad y a los autores como generadores de contenidos que todos disfrutamos.

Los argumentos para defender una u otra posición son más o menos los siguientes: para los que la defienden, la piratería digital es una alternativa, una forma de acceder a los contenidos en la red sin tener que pedir autorización previa para usarlos ni pagar un precio por ello; suelen invocar derechos como el de la libertad de expresión, de acceso a la información y de participación libre en la vida cultural de la comunidad previsto en el artículo 27  i) de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Por el contrario,  los que la combaten sostienen que  -además de ser un delito- la piratería digital es un atentado a los derechos de los creadores, que desestimula  la creatividad y  reduce las razones de los autores para seguir creando. Por supuesto y paradógicamente también invocan la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero en este caso el artículo 27, 2) que señala que toda persona tiene derecho a la protección de los intereses  morales y materiales que le corresponden por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

Pues bien, más allá de estas posturas, lo cierto es que a diario vemos casos de autores cuyas obras -total o parcialmente- circulan libremente por la red, o son reproducidas sin autorización, por ejemplo, a través de vídeos musicales o radios en internet, o páginas web o blogs que copian contenido sin citar a los autores y otras que llegan incluso a atribuírselos como propios sin importarles un bledo ni la fuente original ni la persona que los ha creado. También son abundantes los sitios web  o plataformas sociales digitales que ofrecen contenidos ajenos de manera gratuita para los usuarios de ellas, pero que soportan toda sus operaciones en venta de publicidad a terceros. Lo lamentable de esto es que los autores y artistas que crean e interpretan estas obras así puestas a disposición no reciben ninguna remuneración o beneficio por ello, pero los dueños de las plataformas sí.

Como lo sostiene el Informe de IFPI sobre La Música Digital 2014, la piratería digital constituye la mayor amenaza para el desarrollo del mercado legal de la música y para la inversión en artistas. Debilita a las empresas legales de música con sus variadas manifestaciones y canales: redes de intercambio de archivos P2P, almacenes virtuales y agregadores, páginas no autorizadas de streaming y copia de streaming, o aplicaciones móviles.

¿Y qué  ha de hacerse para combatir esto y equilibrar los intereses de los tres sectores involucrados: usuarios, creadores y artistas, y sector industrial del entretenimiento?. He aquí algunas medidas señaladas en el anterior informe y que la propia dinámica nos permite asomar:

Educar a los usuarios

No cesar en la campaña de que al margen de las usos que son límites establecidos por la Ley, por disposición del propio autor o por vencimiento del plazo de protección de las obras (dominio público), el uso lícito de ellas es la mejor inversión.

Lobby con los Gobiernos

El Lobby es necesario para proponer y apoyar  leyes que protejan eficazmente el uso de contenidos y generen alternativas reales a los usuarios de Internet. No leyes protectoras en si mismas hacia un solo sector de intereses, sino más bien adecuadas al entorno digital y que sepan reflejar las distintas realidades de la dinámica de la red, todo ello con el fin de asegurar una mayor productividad creativa y  un amplio disfrute de contenidos literarios, artísticos y científicos.

Otras acciones concretas contra la piratería digital

Hay que realizar notificaciones a sitios web que se lucran con la venta de publicidad a costa de los contenidos ajenos que ofrecen de manera “gratuita”; desestimular la inversión publicitaria en sitios web o plataformas móviles que ofrecen contenidos ajenos de manera ilícita; emprender acciones SEO desde los buscadores que penalicen el posicionamiento de los sitios que propician la piratería digital, y conminar a los ISP a retirar contenidos que flagrantemente violen derechos de los creadores y demás titulares.

Finalmente, todas estas acciones no serían suficiente si los sectores del entretenimiento, especialmente los mayoristas y distribuidores finales no establecen también acciones concretas dirigidas a los usuarios, como por ejemplo poner a disposición de ellos contenidos de calidad y a precios realmente accesibles para todo el mundo.

¡En eso creemos!

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