El plagio es una modalidad de parasitismo intelectual que afecta no solo a los autores de las obras, sino también  la buena fe de los usuarios de ellas.

A menudo me preguntan en las conferencias sobre el plagio, pero no sobre lo que es, sino cómo probar que un tercero lo ha cometido respecto de contenidos ajenos y qué acciones tiene la victima contra el plagiario.

Confieso que es un tema que me atrae y ya antes he escrito sobre el plagio en este blog. Esa atracción guarda relación con el hecho de que habitualmente lidio con autores, con creadores y conozco de primera mano el esfuerzo intelectual a que se someten cada vez que emprenden un proceso creativo con pretensiones bien sea en el ámbito literario, artístico o científico y lo mucho que lo disfrutan cuando culminan y lo ven hecho realidad.

De modo que el acto de plagiar, además de reprochable jurídicamente, es una modalidad de parasitismo intelectual con el cual se despoja a los autores no solo de sus derechos económicos sobre la obra plagiada sino también se les priva de la satisfacción de aparecer ante los demás como alguien capaz de hacer aportes en el campo de la creación intelectual bien sea, por ejemplo, a través de poemas diversos, cuentos, novelas,  ensayos, o bien sobre una investigación académica y hasta un post para un blog, como éste.

Ante situaciones así, te preguntarás ¿cómo pruebo que alguien me ha plagiado mi obra total o parcialmente? ¿qué tan complejo es demostrar que determinada obra o parte de ella no es de la autoría de quien se la atribuye ilícitamente?.

La respuesta a la segunda cuestión es que probar un plagio es muy sencillo, nada complejo. Y a la primera he aquí la respuesta:

La importancia de la impronta personal en la prueba del plagio

El primer examen es tomar la obra resultado del plagio -o parte de ella- y compararla con la obra original. A los efecto de este examen has de tener presente que las ideas no están protegidas en el ámbito del derecho de autor, lo que cuenta es la “impronta persona”, la forma original en que cada quien las expresa,  las variaciones, el estilo, la forma, el lenguaje. La originalidad en la forma de expresión es lo que diferencia una obra basada en la misma idea de otra del mismo género.

Los antecedentes creativos

No deseches nada durante el proceso creativo.  A la hora de probar que la obra es tuya y no de otro, son importante los bocetos, los esquemas, los borradores, las anotaciones acerca de una idea, el plan de trabajo escrito -si lo hubiere- a partir del cual hayas emprendido la obra. Recuerda que tales antecedentes son la prueba de que la obra tuvo una génesis y que solo tú la concebiste a partir de una idea original y que la desarrollaste paso a paso como mostrarán tales documentos a la hora de probar el plagio.

Los testigos del proceso creativo

A menudo los autores evitan compartir detalles acerca de la obra que están escribiendo. Pues no está mal que lo hagas, por lo menos de manera general. Habla a otros -aunque sea a pocos- de la idea sobre la que estás trabajando, el tema a desarrollar, sus avances  y de ser posible dales a leer pequeños párrafos o fragmentos de la obra en gestación. Asegúrate de colocar siempre la fecha de cada avance. Actualiza. Si así lo haces podrás recurrir a ellos como testigos en un proceso legal para determinar el plagio, y además ellos darán testimonios al Juez o a cualquier otra autoridad administrativa o judicial de los pormenores de tu proceso creativo y sus avances, cosa que no podrá hacer el plagiario.

Como ves, no es tan complejo. Es solo cuestión de sentido común y ser previsivo. ¡Prueba y verás!

Comments are closed.

Post Navigation