¿Por qué ocurren las humillaciones o linchamientos virtuales en las redes sociales? fue la primera interrogante que se me vino a la cabeza leyendo el artículo sobre el tema, aparecido hoy en La Vanguardia, con el título La humillación pública, sin límites en las redes sociales.

La segunda fue ¿realmente estos ataques no tienen límites, como dice la nota, o por el contrario si hay formas de prevenirlos o mitigarlos?

Sin pensarlo dos veces

Si partimos de los casos referidos en el artículo, podemos darnos cuenta de que todos tienen una características en común: sus protagonistas o víctimas han hecho una afirmación o imputación pública, a través de redes sociales como Twitter o Facebook, sin pensárselo dos veces. En algunos casos, como el de @JustineSacco -revivido ahora después de dos años a propósito de la publicación del libro de Jon Ronson: So you´have Been Publicly Shamed– quien pretendió con un tuit ser divertida y sin reparar ni un segundo en las consecuencia de su ocurrencia racista. Le costó su cargo y múltiples ataques  a través de las redes sociales.

En otras ocasiones la humillación es consecuencia no de una afirmación infeliz sino más bien de una ligereza, de una torpeza, o una imprecisión o desconocimiento manifiesto sobre un hecho o dato relevante. Varios son los casos de este tipo: David Bisbal, Alejandro Sanz, Alicia Machado y unos cuantos más.

También las hay del tipo venganza. No es la víctima quien las motiva, sino más bien el agente activo de la humillación en razón de un pase de factura, de una intención manifiesta de dejar mal parado al sujeto que la sufre. En este caso, el ataque no ocurre en razón del hecho de la víctima, sino del propósito del agente activo de la humillación, en algunos casos dejando al descubierto, por ejemplo, hechos relacionados con la vida privada de la víctima.

Redes sociales: linchamiento virtual

Los autores del desliz o afirmaciones infelices lo pagan caro. Se ven expuestos a ataques desde todos los frentes y cuando reaccionan ya no hay nada que hacer: las reacciones en cadena se han expandido al punto de  que se hacen indetenibles y la única medida posible es resistir estoicamente y esperar a que disminuyan. En la mayoría de los casos, la víctima opta por borrar su perfil de las redes sociales o permanecer en un completo mutismo, lo cual tampoco resuelve nada porque calles o no, estés o no en las redes sociales, la gente hablará de ti aunque no quieras o no estés presente.

Al final, como cuando pasa la tormenta, te corresponderá evaluar el impacto que ha tenido la campaña en tu contra y recoger los escombros.

La prudencia no las evita, pero ayuda a prevenirlas.

Ser prudente en las redes sociales no te exime de humillaciones, pero las minimiza.  Y eso es así porque muchos casos de humillaciones se originan en hechos propios de la víctima. La prudencia es el arte de conducirse según el sentido común y la precaución.

No hagas afirmaciones que no has comprobado, no te hagas eco de señalamientos ajenos, evita la solidaridad automática, rechaza debates tendenciosos sobre temas polémicos como la religión, libertad sexual, posición política, etc. y si lo haces asegúrate de que lo que digas a través de las redes sociales se corresponda con tus más arraigadas convicciones.

Si aún actuando así, cometes un desliz, enfréntalo. Corrige lo que haya que corregir, haz saber que lo has hecho y ofrece disculpas con sinceridad. Ello no evitará la humillación  sufrida, pero te permitirá seguir adelante.

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