Photo Credit: magerleagues via Compfight cc

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En los últimos tiempos Spotify no las ha tenido todas consigo cuando se trata de derecho de autor o pago de regalías como prefieren llamarlo otros menos legalistas. Se han levantado voces de algunos artistas y autores inconformes con las cantidades de dinero que perciben por el uso de sus obras y prestaciones,  mientras otros reclaman que Spotify no solicita permiso para usarlas. A manera de ejemplo, solo citaremos tres casos: Taylor Swift,  David Lowery y Melissa Ferrick, quienes no han dudado en hacer público su reclamo, y en el caso de los dos últimos acudir incluso a los tribunales pretendiendo indemnizaciones.

El caso Taylor Swift

El primer caso fue una campanada de alerta  con mucha repercusión mediática, pues se trata de una de las artistas con mayor influencia en la industria de la música hoy en día. En efecto, a finales del 2014, Taylor Swift retiró todos sus albumes de Spotify por oponerse a las políticas de música libre de la plataforma de streaming, señalando que los autores, los artistas, los editores y los productores deben ser quienes decidan si ha de ser de esa manera o no.  A esto, Spotify señaló que esperaba que la artista cambiara de opinión y volviera a incorporar su música a la plataforma y trabajara junto con ellos en una nueva economía de la música que funcione para todos.

Lowery v. Spotify

El segundo caso fue la demanda de Lowery. El 28 de diembre del 2015, David Lowery de la banda de rock alternativo Cracker, demandó a Spotify por la cantidad de 150 millones de dólares, alegando que “reproduce y distribuye música con derechos de autor, ilegal y voluntariamente” y sin contar con la respectiva licencia para hacerlo.

Spotify atribuyó la falta de pago en algunos casos al hecho de que no existe una base de datos confiable y actualizada de los titulares de derechos, que en muchos casos los derechos son compartidos entre coautores, que los derechos económicos cambian de mano con frecuencia y en otros casos se desconocen sus titulares. “Es un problema complejo que estamos comprometido a resolver pero tomará bastante tiempo y esfuerzo, dijo la empresa, y concluyó Spotify con este compromiso: “invertiremos en recursos y experticia técnica para construir un sistema que resuelva este problema.

Melissa Ferrick v. Spotify

Este nuevo caso, el de Melissa Ferrick,  llegó a comienzos del 2016, diez días después del penultimo del 28 de diciembre, interpuesto por Lowery. Ferrick alegó que más de 125 canciones de su autoría han sido utlizadas en la plataforma y que combinadas han sido transmitidas vía streaming más de un millón de veces. Dijo que spotify usa la estrategia “infringe ahora, discúlpate después”, y  por lo tanto reclama indemnización por un monto de 200 milllones de dólares.

¿Cúal es el problema y cómo resolverlo?

El problema tiene dos vertientes, una que es la falta de licencias para el uso de obras en algunos casos, y otra el pago justo y efectivo de los derechos a sus titulares por el uso de ellas. Spotify debe tener en cuenta que las licencias globales que recibe de productores, editores y entidades de gestión, en algunos casos podrían no abarcar todas las obras que se usan en su plataforma y en ocasiones tampoco todas las posibles modalidades de utilización. Es el caso, por ejemplo, de autores que no pertenecen a entidades de gestión y artistas independientes cuyas obras y prestaciones deben ser licenciadas directamente por ellos.  En cuanto a la segunda vertiente -la del pago- Spotify ha explicado detalladamente cómo funciona el sistema de los usos y pagos a los titulares de los derechos sobre obras y prestaciones, indicando que paga a éstos cerca del 70% de los ingresos y retiene aproximadamente el 30%.

La pregunta es ¿por qué entonces los reclamos y las demandas?

Bueno, porque como lo ha señalado el propio Spotify el sistema es aún imperfecto, y ello da lugar a que existan muchas posibilidades de utilizaciones ilícitas, falta de pago por desconocimiento de los titulares de las obras y prestaciones, y sobre todo inconformidad con los montos que se pagan por las utilizaciones. La solución es seguir construyendo una base de datos robusta y confiable, que Spotify se asegure de que cuenta siempre con las licencias suficientes y adecuadas a los usos requeridos, y que la tarifa que se pague a los titulares de los derechos sea realmente justa y proporcional a las utilizaciones.

De eso se trata!

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